Si algo he aprendido como nutrióloga es que el bienestar no se encuentra en una dieta perfecta, en un cuerpo “ideal” o en una rutina estricta. El bienestar real nace de la conexión entre lo que comemos, lo que sentimos, cómo nos movemos y cómo vivimos cada día.
Por eso, con el tiempo fui construyendo mi propia visión de salud: un enfoque holístico que abraza cuerpo, mente y estilo de vida.
Hoy quiero compartir contigo los secretos que más han transformado mi vida y la de mis pacientes.
Mi primer secreto: la nutrición debe sentirse como un abrazo, no como un castigo
Durante mucho tiempo, la nutrición se vivió entre miedo, prohibiciones y culpa. Yo lo viví en carne propia.
Por eso ahora mi misión es enseñarte que comer bien puede ser algo amable, flexible y profundamente nutritivo.
Creo en:
- escuchar a tu cuerpo,
- respetar tus antojos sin miedo,
- conectar con tu cultura (¡la comida mexicana es increíble!),
- elegir alimentos que te den energía,
- y dejar de lado la idea de “alimentación perfecta”.
La comida es un acto de autocuidado, no de presión.
Mi segundo secreto: la salud emocional es la base de todo
No importa lo bien que comas si vives bajo estrés continuo, si tu diálogo interno es duro o si comes desde la ansiedad.
He acompañado a muchas personas que se sienten culpables por “no poder controlar su alimentación”, cuando en realidad lo que necesitan no es fuerza de voluntad, sino atención emocional.
En mi trabajo hablamos de:
- hambre emocional,
- manejo de ansiedad,
- pensamientos repetitivos,
- autoestima y autoimagen,
- y cómo ser más amables con nosotros mismos.
Porque si tu mente está saturada, tu cuerpo lo siente.
Mi tercer secreto: el movimiento debe darte vida, no desgastarte
Aprendí a ver el movimiento como una forma de agradecerle al cuerpo, no como un castigo por lo que comimos.
Para mí, moverte debe sentirse natural, fluido y disfrutable.
Puede ser:
- caminar,
- bailar,
- yoga suave,
- fuerza moderada,
- estiramientos,
- o la actividad que te haga sentir más tú.
El mejor ejercicio no es el más intenso, sino el que puedes mantener porque te hace sentir bien.
Mi cuarto secreto: los hábitos pequeños sostienen los grandes cambios
Algo que repito mucho es que el bienestar no depende de grandes transformaciones, sino de microhábitos que repetimos día a día.
