A lo largo de mi experiencia como nutrióloga, he descubierto que la infancia es una etapa mágica para sembrar hábitos que pueden durar toda la vida. Los niños aprenden rápido, sienten mucho y absorben casi todo lo que ven. Por eso, cuando hablamos de alimentación, no se trata solo de qué poner en el plato… sino de cómo se acompaña ese momento en casa.
Hoy quiero compartir contigo mis consejos favoritos para fomentar hábitos alimenticios sanos desde los primeros años, de una manera ligera, sin luchas y con mucho amor.
1. Haz que lo saludable sea parte del día a día
Algo que siempre digo es que los niños no necesitan grandes explicaciones para entender lo saludable: necesitan verlo.
Si en casa hay fruta a la vista, agua disponible y opciones nutritivas al alcance, ellos las integran sin esfuerzo.
A veces, lo más poderoso es simplemente la constancia.
2. Enseña con el ejemplo, no con presión
He visto una y otra vez que los niños imitan mucho más de lo que obedecen.
Si te ven disfrutar una ensalada, probar alimentos nuevos o comer con tranquilidad, ellos lo copiarán sin que tengas que insistir.
Por eso, siempre invito a los padres a hacer equipo con sus hijos desde el ejemplo, no desde los discursos.
3. Crea un ambiente tranquilo en la mesa
Algo que me parece fundamental es evitar las luchas en la hora de la comida. Obligar, negociar o usar premios solo hace que el momento sea tenso y que los niños rechacen ciertos alimentos.
Yo prefiero:
- servir porciones pequeñas,
- permitir que repitan,
- presentar opciones variadas,
- y aceptar que cada niño tiene su ritmo.
La clave está en acompañar, no en forzar.
4. Involúcralos… funciona más de lo que imaginas
Me encanta ver cómo los niños se emocionan cuando pueden participar en algo tan simple como elegir frutas, mezclar una receta o lavar ingredientes.
Cuando se sienten parte del proceso, están mucho más dispuestos a probar lo que ayudaron a preparar.
Además, se fortalece su autoestima y se convierte en un momento bonito de convivencia.
5. Explica con palabras que conecten
No necesitas dar clases de nutrición complicadas. A los niños les funciona perfecto escuchar cosas como:
- “Esto te ayuda a usar tu energía para jugar”,
- “Esto hace que tu cuerpo crezca fuerte”,
- “El agua ayuda a que tu mente funcione mejor”.
Cuando entienden el propósito, cooperan desde la motivación, no desde la imposición.
6. No prohíbas: equilibra
Este es un punto muy importante en mi enfoque.
Los dulces o snacks no deben formar parte del día a día, pero tampoco quiero que los niños crezcan pensando que son “malos” o que deben comerse a escondidas.
Prefiero enseñarlos a convivir con todos los alimentos: disfrutarlos de vez en cuando, sin culpa y sin que se conviertan en premios o castigos.
7. Confía en las señales del niño
Los niños suelen saber perfectamente cuándo tienen hambre y cuándo están satisfechos.
Lo único que necesitan es que los adultos respetemos esas señales en lugar de presionar para que “terminen todo”.
Este simple gesto les enseña a escuchar a su cuerpo, una habilidad que muchos adultos desearían haber aprendido de pequeños.
Mi intención con estos consejos
Todo lo que comparto nace de un deseo genuino: que los niños crezcan con una relación bonita, segura y libre de culpa con la comida.
No se trata de criar pequeños “perfectos”, sino de acompañarlos a descubrir alimentos, sensaciones y experiencias que los fortalezcan.
Formar hábitos saludables desde la infancia es un regalo que dura para siempre. Y comienza, como todo lo importante, con pequeños pasos diarios.
