Soy Anna Viesca Sánchez, nutrióloga mexicana, y una de las etapas que más me inspira cuando hablo de nutrición es la infancia. Los niños aprenden rápido, son curiosos por naturaleza y, aunque no lo parezca, tienen una enorme capacidad para construir hábitos que durarán toda la vida… siempre que los guiemos desde el cariño, no desde la presión.
A lo largo de mi experiencia, he aprendido que los buenos hábitos no se imponen: se enseñan, se modelan y se acompañan. Hoy quiero compartir contigo mis recomendaciones más importantes para fomentar una relación sana y positiva con la comida desde los primeros años.
1. Los pequeños cambios son más poderosos de lo que crees
Una de las cosas que siempre les digo a los padres es que no necesitamos transformar la alimentación del niño de un día para otro.
Lo que realmente funciona es:
- sumar una fruta,
- agregar una verdura al plato,
- tener agua disponible todo el tiempo,
- cambiar un snack por una opción más nutritiva.
Cuando estas acciones se repiten, se vuelven parte natural de su día.
2. Los niños aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan
Este punto es clave: tú eres el ejemplo.
Si un niño te ve disfrutar tus comidas, comer verduras, probar cosas nuevas y sentarte a la mesa con tranquilidad, él lo absorberá sin que tengas que decir demasiado.
Yo siempre recomiendo:
- evitar comentarios de culpa o miedo alrededor de la comida,
- mostrar alegría al comer alimentos saludables,
- y enseñar con el ejemplo, no con imposiciones.
La imitación es una herramienta muy poderosa.
3. No presiones, acompaña
Forzar a un niño a terminar el plato o negociar la comida (“si comes esto, te doy aquello”) solo genera ansiedad y desconexión con sus señales internas.
Mi filosofía es:
- ofrece variedad,
- deja que el niño decida cuánto comer,
- sirve porciones pequeñas y permite repetir,
- mantén un ambiente tranquilo y amoroso.
El objetivo es que la comida sea una experiencia agradable, no una batalla.
4. Involúcralos en todo el proceso
A los niños les encanta sentirse parte.
Cuando los incluimos, se vuelven más curiosos y receptivos.
Puedes invitarlos a:
- elegir frutas y verduras en el súper,
- lavar o mezclar ingredientes,
- preparar recetas sencillas,
- poner la mesa o servir agua.
Te sorprenderá cómo cambia su actitud cuando se sienten participativos.
5. Explícales las cosas de forma simple
Los niños entienden perfecto cuando hablamos desde lo positivo.
Yo suelo sugerir frases como:
- “Esto te da energía para jugar”,
- “Esto ayuda a que tu cuerpo crezca fuerte”,
- “El agua te hace sentir más despierto”.
Cuando comprenden el beneficio, la cooperación llega sola.
