Anna Viesca Sanchez - Dieta

Cómo mejorar la alimentación de los adolescentes en tiempos de redes sociales – Por Anna Viesca Sánchez

Trabajar con adolescentes es uno de los retos más interesantes que tengo como nutrióloga. Son una generación brillante, creativa y extremadamente informada… pero también profundamente expuesta a mensajes que pueden confundirlos, presionarlos y afectar su relación con la comida.
Hoy, más que nunca, siento la responsabilidad de acompañarlos desde un lugar real y humano, porque su alimentación no se forma solo en casa: se forma también en TikTok, Instagram, YouTube y en cada comparación que hacen mientras navegan entre cuerpos filtrados y opiniones de “expertos” improvisados.

Cuando hablo con ellos, lo primero que intento es entender su mundo. No puedo pedirles que ignoren las redes; son parte de su vida. Lo que sí puedo hacer es enseñarles a mirar ese contenido con más criterio. Quiero que aprendan a reconocer cuándo un consejo no está basado en ciencia, cuándo una dieta extrema puede dañarlos y cuándo una tendencia viral está más orientada al impacto que a la salud. No se trata de pelear contra las redes sociales, sino de ayudarlos a navegar en ellas sin perderse.

También hablo mucho con ellos sobre cómo se sienten con su cuerpo. Muchos creen que “comer sano” significa renunciar a lo que disfrutan o seguir reglas imposibles. Les explico que mejorar su alimentación no es dejar de comer, sino aprender a elegir, a moderar, a equilibrar. Les recuerdo que la comida no tiene por qué ser un campo de batalla; puede ser una herramienta para sentirse mejor, con más energía y más estabilidad emocional. Me encanta ver cómo su expresión cambia cuando descubren que sí pueden comer bien sin dejar atrás sus gustos o su vida social.

Algo que también trabajo profundamente es la relación que tienen con sus emociones. Muchos adolescentes comen por ansiedad, por comparación o por presión social, y no por hambre real. A veces basta con enseñarles a hacer una pequeña pausa antes de comer para preguntarse: “¿qué siento en este momento?” Esa pequeña reflexión puede transformar por completo su manera de alimentarse.

Y claro, el papel de la familia es fundamental. Siempre les digo a los padres que aunque parezca que su hijo vive en su propio mundo, ellos siguen siendo su referencia más importante. Los adolescentes necesitan un hogar donde se hable menos de peso y más de bienestar; donde la comida no sea motivo de pelea; donde escucharse sea más importante que verse de cierta forma.

A lo largo de mi experiencia, he comprobado que lo que realmente ayuda a un adolescente no son las prohibiciones ni las dietas rígidas, sino la educación, el acompañamiento y un espacio donde puedan ser ellos mismos sin sentir que están fallando. Les recuerdo que no tienen que encajar en un estándar, que su cuerpo está cambiando y que es normal sentirse confundido a veces. Lo importante es que aprendan a conocerse, a nutrirse y a tratarse con más suavidad.

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